Alfred Tennyson
Tenyu - Star of Heroic Ferocity
- Alias: Dragón
- Edad: Aparenta entre 35 y 40 años
- Fecha de nacimiento: 18 Abril 402
- Altura: 210cm
- Peso: 105kg
- Raza: Humano
- Pelo: Oscuro
- Ojos: Verdes
- Piel: Morena y curtida
- Ciudad: Gregminster
- Cargo: General de Infantería de Kanakan.
- Relaciones:
- Valeria (Hija)
- Eileen (Esposa Fallecida)
- Alonso Bianchi (Hermano de Sangre)
- Ryoichiro Sun (Hermano de Sangre)
- Armas: Gran alabarda (Silver God of War), Espada (Destiny)
Historia
Alfred nació en la capital del Imperio de la Luna Escarlata, Gregminster. Siempre fue un chico robusto y fuerte, lo que le llevaba a meterse en muchos problemas. Con sólo 15 años, dejó inconsciente de un puñetazo a un guardia que intentaba reprenderle por participar en una pelea. Abandonó a su madre en mitad de la noche y huyó de la ciudad para evitar cualquier castigo.
Viaje a las Naciones Insulares
Viajó hacia el sur durante semanas hasta llegar a Rikon, donde decidió esconderse durante algunos meses trabajando para traficantes. Sus trabajos le llevaron a viajar por los países al sur del Imperio.
Un año después (IS.418), durante una estancia en Iluya, tuvo un violento enfrentamiento contra un chico de su misma edad. El chico bebía mientas ponía en duda las capacidades marítimas de la gente del Imperio. Pelearon hasta quedar exhaustos entre las risas y los ánimos de los clientes de la taberna.
Tras la pelea, bebieron juntos hasta emborracharse. El joven se llamaba Alonso Bianchi y había viajado durante semanas desde Middleport, para alistarse en la nueva Academia Militar de Kanakan. Alonso esperaba ser capaz de pasar las pruebas de acceso. Había vivido toda su vida en el mar, y todo el mundo sabe que no hay mejores marinos que en Naciones Insulares, por lo que no tendría problemas convirtiéndose en oficial y en conseguir su propio barco. Al menos, le resultaría más fácil que en Obel, donde ya le habían rechazado en varias ocasiones.
Pasaron juntos varios días entre risas y broncas, esperando un barco con el que salir de la isla.
El Juramento de Iluya
Una semana después por la noche, mientras volvían borrachos al granero donde pasaban la noche, vieron a un tipo extraño que les heló la sangre. El encuentro les despejó la mente, lo suficiente como para decidirse a seguir al individuo. Fueron tras él durante varios minutos hacia las afueras de la ciudad, hasta que vieron como alguien se lanzaba sobre la sombra.
Un jovenzuelo que apenas alcanzaba los 10 años de edad, se lanzó sobre el extraño colgándose a su espalda. Alfred y Alonso se miraron durante un instante y se lanzaron también sobre el tipo sospechoso, golpeándole sin descanso hasta que juntos lograron reducirle.
El chico que les había ayudado era muy joven, quizás demasiado. Sus ropas estaban sucias por el barro y por la lucha, pero se notaba que eran de calidad. El jovenzuelo se presentó como Ryo. Les contó que había visto a ese tipo rondar cerca de su barco en el puerto y le había reconocido. Le habían contado historias de unos asesinos del Reino de Falena llamados Puerta del Averno. Ese individuo andaba a hurtadillas como ellos y llevaba ropas parecidas, solo podía ser un asesino de Puerta del Averno. Registraron sus ropas y encontraron un mensaje extraño que no pudieron leer, sin duda era un asesino con una misión secreta.
Con el ruido de la pelea, los vecinos se habían despertado, y la gente acudía a ver que sucedía. También aparecieron varios guardias que al ver la escena se llevaron al extraño y a los tres chicos a la mansión del magistrado local.
Alfred estaba preocupado por lo que pudiera pasar, sobretodo porque Alonso miraba de una forma muy extraña al chaval. De pie, el chico a penas le llegaba al pecho, pero los soldados parecían tratarle con respeto. Al menos más respeto que a él.
El magistrado tardó en llegar, junto con más gente, todos ellos parecían muy enfadados. Por lo visto, el extraño no era un asesino de Falena sino un espía que trabajaba para ellos. Lo llamaban, ninja. Un hombre de aspecto sobrio y sereno se llevo a los tres chicos, y continuó reprendiendo al joven Ryo. Alfred no pudo aguantar tal crueldad y salió en ayuda del pequeño, dijo que todas las culpas eran suyas, que él sospecho de ese tipo y le saltó encima pensando que iba a hacerle daño a Ryo. Alfred consiguió lo que buscaba y sufrió los castigos más duros.
Ryo resultó ser un noble de Obel, y por casualidades de la vida, también viajaba rumbo a Kanakan y a su academia. Alfred se quedó sorprendido, después de todo Ryo apenas llegaba a los 10 años, y todos los nobles que había conocido eran unos afeminados cobardes. Los castigos duraron casi un mes, pero durante todo ese tiempo, los tres chicos se convirtieron en amigos inseparables.
El barco de Ryo partiría al día siguiente, y Alonso ya se había unido a ellos. Alfred pensaba quedarse, no entraba en sus planes el unirse a una academia militar, pero Ryo tenía un carisma especial y podía llegar a resultar muy convincente.
Los tres decidieron unirse a la nueva Academia Militar de Kanakan. Se convertirían en los mejores de la promoción y se ayudarían unos a otros. Juntos hicieron un juramento de sangre. Aunque tenían apellidos distintos, juraron convertirse en hermanos. A partir de ese día, unirían sus fuerzas para alcanzar un propósito común, y ayudarse mutuamente ante cualquier peligro.
Al día siguiente, su barco partió con destino a Kanakan.
Aventuras en Kanakan
Alfred pasó todo el viaje hacia Kanakan entrenando junto a Alonso bajo la supervisión de Ryo. Parecía increíble que un chico tan joven (y además noble) supiera luchar tan bien. Ryo no quería que dejaran de entrenar ni siquiera por la noche, estaba exento de las pruebas, pero ellos si debían demostrar su valía, y las pruebas estarían llenas de jóvenes dispuestos a todo por una plaza.
Al llegar a Kanakan la situación no mejoró. Los tres se escapaban fuera de la ciudad para seguir entrenando a pesar de las negativas y los castigos del tutor de Ryo. Durante una de sus aventuras se escondieron en el faro al sureste de la ciudad. Allí descubrieron unas escaleras que llevaban a una gruta secreta.
Alfred reconoció el lugar, tenía todo el aspecto de ser un puerto secreto para contrabandistas, un lugar peligroso. Decidieron salir de allí cuanto antes, pero antes de poder escapar escucharon ruidos en el piso superior. Desde el mar, llegó un pequeño bote de remos con varias personas en su interior. Desembarcaron varios paquetes e hicieron sonar una campanilla. La compuerta se abrió en el piso superior y trasladaron la carga con cuerdas y poleas.
La calma no volvió hasta altas horas de la noche. Estaban hambrientos y decidieron que era el momento de desaparecer. Uno a uno, subieron las escaleras hasta el faro y salieron al exterior. Cuando respiraban aliviados, les sorprendió un hombre de rasgos aguileños. Antes de que pudieran actuar, agarró a Ryo por la espalda (el más pequeño y la víctima más fácil). Pero al sentir el peligro, el joven reaccionó y con una extraña llave lanzó a su agresor sobre su cabeza. El hombre acabó colgando al borde del acantilado, agarrándose con desesperación. Alfred intentó ayudarle, pero su brazo era demasiado corto, y el hombre terminó cayendo al vacío.
Encontraron sus cosas cerca de la puerta del faro. En su bolsa había grabado un pájaro, parecía un halcón.
Varios días después escucharon los rumores de que el mar había devuelto el cuerpo de un famoso ladrón y asesino. Se le conocía por su marca, un halcón de color oscuro. Todos pensaron que se trataba de una pelea entre bandas, y nadie sintió su pérdida. Solo el tutor de Ryo pareció descubrir la verdad.
La Academia Militar
Las pruebas de acceso no tardaron en llegar, y gracias al entrenamiento de Ryo, Alfred no tuvo problemas para acceder. El viaje a la academia fue largo, y durante el trayecto descubrieron que el Príncipe Huang Xiang, de 17 años, también viajaba con ellos.
Por lo que escucharon, el Rey había ordenado crear la academia militar para entrenar a los futuros oficiales del país y a su hijo primogénito. Kanakan nunca había sido una nación guerrera, por lo que no contaba con un ejército regular de calidad. El Imperio estaba conspirando para formar una coalición conocida como la Alianza Kooluk. Los ideales y líderes de la Alianza suponían una grave amenaza contra la soberanía de Kanakan, por lo que el Rey decidió anticiparse, entrenando oficiales capaces bajo la tutela de entrenadores y maestros de los lugares más remotos.
Muchos alumnos trataron de conseguir el respeto y la amistad del príncipe durante el viaje, ya que esperaban que su entrenamiento fuera más sencillo. Sin embargo, las primeras semanas en la academia mostraron lo contrario. El príncipe no solo no contaba con facilidades, sino que le hacían trabajar más duro que al resto. La misma suerte corrían quienes se mantuvieran a su lado por lo que al cabo de unas semanas, el príncipe pasaba solo la mayor parte del tiempo.
Muchos de sus compañeros en la academia eran nobles, pero los profesores no les trataban con la misma dureza. Incluso parecía que por ser nobles sus entrenamientos fueran más sencillos y suaves. Pero a medida que el resto rehuían al príncipe, Ryo comenzó a acercarse más a su compañía. Los cuatro se fueron convirtiendo en grandes amigos a medida que los profesores les imponían los entrenamientos más duros y los castigos más crueles.
La disciplina fue dura, pero al terminar los dos años de entrenamiento, los cuatro se habían convertido en los mejores cadetes de toda la escuela. El entrenamiento extra y las duras condiciones, mejoraron su rendimiento.
Oficiales en Kanakan
Tras graduarse en la escuela de oficiales, cada uno adquirió un puesto en una rama diferente del ejército. Alonso optó por el mar, Alfred por la infantería y el Príncipe por la guardia de la capital. Ryo rechazó volver a las Naciones Insulares y aceptó un puesto defendiendo la ciudad junto con el príncipe.
Durante varios años, todos prosperaron en sus puestos. Alfred hizo méritos y logró ascender hasta capitán de infantería, al mando de toda una compañía que protegía el este del país.
La invasión de la Alianza Kooluk
En el año 421, la Alianza Kooluk lanzó su ataque relámpago sobre Kanakan. Avanzaron rápidamente sin que el inexperto ejército de Kanakan pudiera hacer nada. En pocas semanas, el grueso de sus fuerzas alcanzó los muros de la capital, y todos los ejércitos acudieron en su protección.
Alfred, al cargo de una compañía acudió en ayuda de sus viejos amigos. Sin embargo, las fuerzas enemigas eran demasiado numerosas. A duras penas lograban parar su avance, la lucha se extendió a cada calle y cada casa de la ciudad.
En mitad de la noche del quinto día de combate, un aullido atravesó el cielo, y los hombres de ambos bandos comenzaron a agonizar retorciéndose de dolor. Alfred luchaba con todas sus fuerzas por retener el control de su cuerpo y su mente, incluso llegó a clavarse su propia espada en el brazo para mantener la cordura mediante el dolor.
Tras un tiempo infinito, los ejércitos de ambos bandos estaban diezmados, y los hombres se arrastraban en busca de ayuda. Las tropas de la alianza huían en desbandada hacia su retaguardia y Alfred tomó la decisión de ordenar a todo el que pudiera moverse que cargará hacia el enemigo. No confiaba en entablar combate, solo quería hacerles retroceder lo máximo posible antes de que se reorganizaran.
Sin embargo, un mensaje llegó del príncipe reclamando su presencia en el castillo. Cuando llegó a la fortaleza, sus antiguos amigos estaban allí y una terrible oscuridad brotaba del interior. Juntos se internaron en el terror que allí aguardaba, hasta llegar a los aposentos reales.
Allí descubrieron con horror como el Rey se había transformado en una bestia. Estaban heridos y cansados y tuvieron que luchar contra un engendro. La batalla fue dura y atroz, pero finalmente lograron vencer.
Pero cuando desapareció el último aliento de vida del antiguo rey, la runa se iluminó y salto hacia Alfred. Alonso logró apartarle a tiempo, pero era demasiado tarde, la runa había saltado a la mano derecha del joven Alonso, quien cayó inconsciente. Alfred se desmoronó, su amigo le había salvado de un destino desconocido, pero a cambio él había sido el mancillado por la runa maldita.
Alonso fue llevado a la enfermería, y el príncipe hizo llamar a los mejores Maestros de Runas del país, pero ninguno fue capaz de quitar la runa.
En secreto sellaron un pacto de silencio por el que no revelarían jamas lo que allí había sucedido. Debían proteger la runa y a su poseedor. Si se conocía el destino del rey, los enemigos de Kanakan contraatacarían y la moral del país caería. El rey se había convertido en un héroe a pesar de todo y así debían mantenerlo.
Generales
Una vez restablecido el orden, el príncipe fue coronado rey, y sus fieles amigos ascendieron hasta convertirse en sus generales de confianza.
Alfred adquirió el mando de los ejércitos de tierra de Kanakan y expulsó la amenaza restante. Ryo tomó el control de la marina y persiguió al ejército atacante hasta que fue diezmado.
Tras la batalla comenzó la reconstrucción. El rey encargó a Alfred, que reconstruyera y reorganizara el ejército. Debían reparar todos los destrozos. Sin embargo, Alfred solo podía pensar en Alonso y en como ése debía ser su destino.
Se decidió que el portador de la runa fuera enterrado en una cámara subterránea, donde debía permanecer oculto por el bien de la gente. La idea la propuso el mismo Alonso, Alfred fue el único que se negó.
Tras una larga búsqueda, un erudito del reino encontró unas antiguas ruinas cerca de un gran lago de la zona oriental. Ryo y Alfred pasaron semanas en solitario registrando la zona en busca de alguna pista que les ayudara a liberar a su amigo de la maldición, pero no tuvieron suerte, hasta una noche, cuando Ryo observó como el agua se filtraba entre varias rocas.
Con mucho esfuerzo apartaron rocas, hasta encontrar una escarpada escalera que bajaba hacia las profundidades, y al final una gran sala con murales y escrituras antiguas. Llamaron a un erudito experto en los Sindar, pero no pudo encontrar ninguna información útil. Sin embargo, el lugar era ideal para esconder al portador.
Alfred intentó negarse, llegando incluso a golpear al Rey, pero no logró evitar el encierro voluntario de Alonso.
La reconstrucción de Kanakan llevó muchos años y mucho trabajo. Alfred se encargo de entrenar al nuevo ejército profesional de Kanakan, estableciendo la base de entrenamiento en la región occidental, en territorio de la familia Wei. A pesar de todo, Alfred lograba escapar a sus obligaciones para reunirse con su antiguo amigo, y emborracharse juntos una vez más. Con cada visita, Alfred moría por dentro observando como la runa consumía su voluntad y su cordura.
Por su lado, Ryo creció y se enamoró de la hermana pequeña del Rey, Yu Wenling. Los nobles se opusieron enérgicamente a esta unión, pero contaban con el beneplácito del Rey. Ryo se vio obligado a cambiar su apellido, por el de Sun, convirtiéndose en noble de Kanakan, y recibiendo todas las tierras orientales como dote (tierras principalmente de cultivo). Este regalo del Rey atrajo el rencor de todas las casas y nobles del país.
La Búsqueda
En el año IS 429, tras la boda de Ryo, Alfred dejó su puesto como General de los Ejércitos de Kanakan y partió en una búsqueda secreta para liberar a su amigo. Sabía que no podría descansar hasta saldar su deuda, y sentía un profundo rencor contra Ryo y el Rey por continuar sus vidas olvidando a Alonso.
Alfred inició su búsqueda por los reinos del sur. Pasó varios años recorriendo las Naciones Insulares y el Reino de Falena. Tras cinco años de búsquedas infructuosas, regresó a Kanakan.
Al volver, lo encontró todo cambiado. Xiang se había convertido en un Rey muy querido por el pueblo, aunque no tanto por los nobles. Alonso por su lado, había logrado controlar la Runa, lo que le permitió ocupar de nuevo su puesto como Almirante de la marina de Kanakan. Por su parte, el pequeño Ryo se había convertido en un auténtico señor, y junto con su esposa esperaba su primer niño.
Alfred fue recibido con una gran celebración, que se vió interrumpida por el parto de la princesa Yu Wenling. Por desgracia, varios nobles incapaces de controlar su lengua, insultaron y maldijeron el nacimiento, atrayendo la ira de Alonso. El Almirante Alonso perdió el control de la runa, trasformándose un ser monstruoso y acabando con la vida de los impertinentes.
Ryo y Alfred hablaban cerca de allí, esperando saber algo del nacimiento, cuando escucharon los gritos de uno de los nobles. Cuando llegaron a la terraza, Alonso había acabado con la vida de ocho nobles, que yacían muertos a sus pies. Tuvieron que hacer uso de toda su fuerza para derribar a Alonso. La lucha fue larga, pero lograron dejarle inconsciente antes de que llegaran el resto de invitados.
Al escuchar la gente acercándose, Alfred se manchó las ropas con sangre y pidió a Ryo que le cogiera del brazo y le inmovilizara. No había tiempo para palabras, y Ryo obedeció. Cuando los invitaros vieron la escena, Alfred fingió estar rabioso de furia y amenazando con matarlos a todos.
Mientras la guardia le inmovilizaba para detenerle, apareció una criada llorando. La princesa había muerto mientras daba a luz a su hija. Ryo salió corriendo hacia la habitación, empujando a invitados y nobles. Alfred rompió sus ataduras y librándose de los guardias le siguió. Cuando llegaron a la habitación, vieron a varias doncellas llorando ante el cuerpo sin vida de la princesa.
Ryo cayó al suelo llorando desconsolado, pero Alfred solo buscó al bebé. No había rastro de él, pero escuchó un leve llanto en una habitación contigua. Entró violentamente, echando la puerta abajo y sorprendió a dos mujeres que intentaban asfixiar al bebé recién nacido. Dragón las golpeó tirándolas al suelo, mientras recuperaba el bebé de su amigo.
Cuando volvió a entrar en la habitación, llevando en brazos a la pobre niña, todo el mundo temió lo peor. Solo Ryo lo miró aliviado. La guardia detuvo a Alfred y a las nobles que intentaron asesinar a Atsuko, la hija de la princesa.
Las muertes de los nobles levantaron mucha polémica en la ciudad y comenzaron a generar gran cantidad de rumores. El Rey Xiang, a pesar de conocer la verdad, no podía parecer débil ante la nobleza y dejar a Alfred sin castigo. Le condenó a recibir 100 latigazos y ser desterrado del país. Cuando Alonso despertó, Alfred ya había sido abandonado a su suerte en el mar.
Ryo le recogió poco después de su abandono, ordenó que curaran sus heridas y le ayudó a llegar hasta las costas del Imperio de la Luna Escarlata para continuar su incesable búsqueda de una solución.
Alonso por su parte se recluyó de nuevo en la cámara secreta, oculto del resto del mundo. Allí seguía recibiendo visitas regulares de Ryo, quien a veces llevaba a la pequeña Suko con él.
Eileen
En el año 434, Alfred reinició su búsqueda de un remedio para liberar a su compañero Alonso Bianchi de la maldición de la Runa Phoenix. En Falena había encontrado una pista sobre las Runas Verdaderas. Sabía que solo podría encontrar información en un lugar, en Crystal Valley.
Recorrió todo el Imperio de la Luna Escarlata y cruzó la frontera hasta las ciudades estado de Jowston. Luchó el final de la Guerra entre Jowston y Highland y asistió al tratado de paz.
Durante la guerra escuchó historias sobre un gran guerrero que logró controlar una Runa Verdadera 10 años atrás. Con su ayuda, defendió los Grasslands de la invasión de Harmonia y les hizo retroceder. A pesar del tratado de paz, las fronteras seguían cerradas, en especial hacía Harmonia, por lo que desviarse hacia el oeste parecía la mejor idea.
Cruzo las montañas a través del paso de Caleria, hasta llegar a los Grasslands, pero no pudo encontrar ninguna pista del héroe que 10 años antes había salvado el lugar.
El rastro le llevó hasta la ciudad de Vinay del Zexay, de la recién fundada Confederacion Zexen. En la ciudad escuchó hablar de una preciosa Maestra de Runas llamada Eileen, la mejor de toda la región. Si alguien podía ayudarle, seguro que era esa mujer.
A pesar de ser una Maestra de Runas tan conocida, y de haber estudiando incluso en la academia de Greenhill, vivía de forma humilde a las afueras de la ciudad. Al conocerla, su vida cambió. Había estado con muchas mujeres a lo largo de su vida, pero ninguna le había hecho sentir lo que sentía cuando ella le miraba. Se sentía invencible y débil a la vez. Eileen parecía leer su rostro y conocer sus sentimientos aunque él fuera incapaz de expresarlos.
Sin un lugar donde alojarse, Eileen le ofreció su casa. Por la noche, Alfred intentó centrarse y hablar sobre la runa maldita, pero fue incapaz. Cada día que pasaba, estaban más unidos, y Alfred olvidaba poco a poco su obsesión. Tras pasar dos semanas aún no le había consultado nada sobre la maldición, y había abandonado por completo la búsqueda del Flame Champion.
Pasaron juntos más de diez meses, hasta que el Flame Champion apareció en sus vidas. El misterioso héroe acudió en busca de consejo de Eileen, y así Alfred logró encontrarle. El relato de la Runa Phoenix, estremeció al héroe de los Grasslands, y ensombreció el rostro de Eileen. Incluso Alfred se arrepentía de haber recordado a sus amigos, pero no podía abandonarles, lo había jurado.
Esa noche, Eileen y Alfred hablaron durante mucho tiempo. Alfred debía terminar su búsqueda para poder descansar, no podía abandonar a sus amigos. Aunque no paraba de hablar, Eileen había comprendido mucho tiempo atrás que terminarían separándose. Pero la idea le resultaba mucho más dura al saber que se había quedado embarazada.
A la mañana siguiente, Alfred y el Flame Champion abandonaron la ciudad para internarse en las profundidades de los Grasslands. Durante un año, el Flame Champion adiestró a Alfred enseñándole a controlar su voluntad y sus deseos. Existía un hechizo antiguo que permitía sellar la runa en un objeto. Sin embargo, el ritual resultaba complicado y extenuante. Alfred practicó con toda su alma, durante meses hasta dominarlo y comenzó el viaje de vuelta.
De vuelta en Vinay del Zexay, Alfred se quedó petrificado al ver a Eileen con un bebé de apenas unos meses, su hija, Valeria. Al verla su voluntad se derrumbó, olvidó todos sus objetivos y decidió quedarse con Eileen y su hija para siempre. Sin embargo, Eileen sabía que ese no era su destino, debía volver con sus amigos y ayudarles, ellos le esperaban. Eileen estaba débil y no podía comenzar un viaje tan largo con un bebé recién nacido, pero le prometió que algún día se reencontrarían.
El Ritual
Alfred comenzó el viaje de vuelta a Kanakan tras descubrir un antiguo ritual que podría liberar a su compañero, Alonso Bianchi de la maldición de la runa Phoenix. Tras diez meses de duro viaje, Alfred finalmente llegó a las costas del norte de Kanakan.
Hacía muchos años que había sido desterrado del país, no podía reaparecer como si nada. Acudió a ver a su antiguo amigo Ryoichiro Sun a la ciudad de Silvian. Allí pasó unos días descansando del largo viaje, entre las carreras y las risas de la pequeña Suko que tanto le recordaba a su propia hija.
Durante todo aquel tiempo, Ryo había comenzado la construcción de un gran templo sobre el refugio de Alonso. A Alfred le aterraba la idea, casi parecía que quisieran enterrarle, pero los años le habían dado experiencia y sabía que era lo mejor.
Tras varios meses, había logrado prepararlo todo para el ritual de extracción. El sello estaba listo, y contaba con la ayuda de Ryo para la ceremonia.
Comenzó el ritual de sellado, todo parecía ir bien. El poder de la runa se debilitaba y su brillo parecía indicar que iba a terminar sellada. Sin embargo, algo pareció fallar de repente y la Runa salto a la mano de Alfred. Mucho tiempo atrás, incluso antes de iniciar sus largos viajes, había decidido que si no podía sellar la runa permanentemente, la obligaría a que le tomará como nuevo portador. Al entrenar con el Flame Champion comprendió que nunca sería capaz de debilitar la voluntad de la runa y sellarla en una estatua, de modo que sólo le quedaba un camino. Incluso al abandonar a Eileen y su hija, sabía que nunca volvería a verlas. Algo en los ojos de Eileen le confirmaba sus temores.
Cuando la Runa Phoenix le saltó, Alonso quedó liberado de su pesada carga. El ocuparía el lugar de Alonso bajo aquella tumba de piedra y mármol.
El Encierro
Durante años, Alfred permaneció encerrado en las profundidades del Templo del Dragón. Todo un detalle que pusieran nombre al templo en su honor.
Alonso una vez liberado, recuperó su puesto como almirante de la flota de Kanakan, y tras muchos años asumió un puesto como director de la Academia Militar, cuya localización cambió a una apartada isla en medio del océano.
Alfred pasó algunos años apacibles en su encierro, recibiendo frecuentes visitas de sus compañeros, durante las que les contó todas sus aventuras, y les habló de Eileen y la pequeña Val. Durante una de las reuniones, Alfred le pidió a Ryo que enviara a alguien a buscar a su esposa y su hija. Sin embargo, Alonso le hizo cambiar de idea. La Runa atraía la desdicha, el lo había pagado con la muerte de su mujer y su hijo, y con el odio de su hija. Si las quería, debía olvidarlas para que el poder de la runa no las alcanzara y pudieran vivir felices. Alfred comprendió lo que su amigo quería decir, y nunca más volvió a mencionarlo.
Sin embargo, a pesar de las frecuentes visitas y reuniones, la runa aumentaba su control. Consciente del peligro, previno a sus compañeros e hizo uso de los conocimientos adquiridos del Flame Champion para iniciar un profundo letargo.
Cada tres años, Alfred despertaba de su sueño durante las fiestas de verano. Sus compañeros acudían al templo con la escusa de tomar parte en un ritual a la Runa Phoenix. Sin embargo, ĺos cuatro bebían y ponían al día a Alfred sobre todas las novedades del reino.
Los años pasaron, hasta que durante las fiestas de verano del año 454, Alfred despertó sin encontrar a nadie. Algo iba mal, y la runa trataba de envenenar su mente para que saliera al exterior. Pero Alfred permaneció cuerdo, entrenando su cuerpo entumecido con sus antiguas armas, esperando que alguien visitara la cámara.
Un mes después, la señal tuvo lugar. Alguien entró en la cámara superior. Tras unos minutos de silencio, el pasadizo secreto se abrió y comenzaron a escucharse pasos. Sonidos suaves de botas de cuero, y estridentes de armas de metal. Había gente que bajaba hablando entre murmullos y con las armas desenfundadas. Alfred recuperó su antiguo ímpetu guerrero, recordando porque le llamaban Dragón. Afianzó las correas de su armadura, se colgó su espada de la cintura y cogió su pesada alabarda en espera de que los agresores traspasaran el último sello.
La gran puerta que sellaba la sala se abrió mostrando un variopinto grupo de jóvenes, ninguno de ellos parecía tener más de 20 años. Sin poder esperar, Alfred se dirigió a ellos:
- Ya era hora de que llegarais, os llevo esperando mucho tiempo!!!.
El hombro derecho le dolía ligeramente, todos sus músculos se habían recuperado del largo letargo, pero la emoción de poder combatir de nuevo los tensaba de nuevo.
- Llevo despierto un mes, y mi cuerpo empieza a entumecerse.. jeje.. ¿Listos para luchar?
Los jóvenes parecían sorprendidos, con sus armas listas para luchar. Pero entre ellos se adelantó una chica de pelo castaño, vestida con ropas caras aunque rotas, sucias y quemadas. Con un gesto ordenó a sus compañeros que no intervinieran y comenzó a acercarse mientras hablaba.
- Recuerdo que una vez viniste a mi casa cuando yo aún era muy pequeña. Te tenía mucho miedo, pero se que a pesar de todo sólo intentabas cuidar de mí. Tenías una mirada triste, y ahora se que debió ser por haber tenido que dejar a tu mujer y tu hija recién nacida... ahí tienes a tu hija Valeria, que ha viajado hasta aquí para encontrarte... ha llegado el momento de que le dejes tu carga a otra persona...
El impacto emocional fue demasiado grande, la fuerza desapareció de sus músculos y su pesada arma cayó estrepitosamente contra el frío suelo. Las lágrimas brotaban de sus ojos al mirar fijamente a su hija sin atreverse a pronunciar una palabra. Sin ninguna duda, la pequeña que le miraba con ojos incrédulos y la boca abierta era Valeria, tenía el mismo rostro que su madre. Por un momento, le pareció ver a su querida Eileen delante suyo.
Pero su orgullo de guerrero volvió a fortalecer sus músculos y su rostro. Esa chica le había desarmado solo con palabras. No había duda de que debía ser la hija de Ryo, y tampoco había duda de que si estaban aquí es porque algo terrible había ocurrido fuera.
Tras acomodarles por la estancia, la pequeña Suko comenzó a relatar como su padre había sido ejecutado por intentar robar la Runa Phoenix, como Alonso había sido expulsado de su cargo y se había convertido en un fugitivo, y como el Rey había muerto hacía un mes durante la celebración de las fiestas sagradas. La situación había empeorado aun más con el asesinato del príncipe heredero. Había estallado una guerra civil entre las distintas facciones de la nobleza. Como heredera del trono, Atsuko había acudido para llevarse la Runa Phoenix y protegerla para que no cayera en manos de ninguno de los bandos que pretendían robar la soberanía del país.
Alfred no daba crédito a lo que escuchaba. Todos sus amigos habían muerto o desaparecido. Alonso era el único que quedaba con vida.
- Las cosas andan mal, muy mal. Pero a pesar de todo no hace falta que tú lleves la runa. Nunca permitiría que la hija de Ryo sufriera esta terrible maldición. No es una buena runa, te habla y te atormenta en silencio. He permanecido dormido durante años, y ni un solo día ha dejado de hablarme... casi me vuelvo loco. Pero esta runa, permanecerá conmigo mucho tiempo, ¡¡lo quiera o no!!
Tras pronunciar estas últimas palabras, mirando fijamente la runa, vio como ésta comenzaba a emitir un leve resplandor. Temía estar perdiendo el control por las infamias cometidas contra sus amigos, igual que Alonso años atrás. Se concentró en mantener el control, en respirar y centrar sus pensamientos en su preciosa hija, que le observaba sentada sin saber aún como reaccionar. Pero de pronto, un rayo de luz salió disparado hacía la mano derecha de Atsuko. Sin tiempo para reaccionar, la Runa Phoenix había escapado a su control y había debilitado a su antiguo portador.
El Nuevo Portador
La runa se había burlado de él, saltando a un nuevo portador. Su único alivio era haber recuperado a su pequeña, y que ella no fuera la maldita por la runa. Sin embargo, la pequeña Suko era también parte de la familia, una segunda hija y no podía soportar la idea de haberla condenado.
Con la pequeña Suko inconsciente por la trasferencia, se hacía mucho más patente el cansancio de todos aquellos jóvenes. Parecían haber pasado días enteros sin dormir, y por su historia así era. No tardaron en caer rendidos, la única que permaneció en pie fue Val, su hija. Juntos pasaron toda la noche hablando, conociéndose hasta que la niña cayó rendida entre sus brazos. Eileen había muerto, y su pequeña había vagado por medio mundo para encontrarle. Incluso sin saberlo, había seguido sus pasos y cometido sus mismos errores. Pero era tarde para querer compensar todo el tiempo perdido, ahora tenía nuevos compañeros y una tarea propia, mientras que él se había convertido en un viejo guerrero.
Al día siguiente tras haber descansado, llegaron noticias de la reaparición del Príncipe. Todos insistían que debía tratarse de un truco, de un doble. Era el momento de escapar, pero la runa le había dejado demasiado debilitado para poder acompañarles. Les vio partir, sintiendo como no volvería a verles en mucho tiempo.
